LAS MAREAS DEL TIEMPO (LES MAREES DEL TEMPS)

Texto y música : Miquel Pujadó

A veces el azul o el gris de un cielo / de abril o de otoño, o un ciero regusto del aire, / o un efecto de luz, o un aroma olvidado, / penetra el espesor de los años, lo desgarra como a una membrana. / Y sólo por un instante, por un instante tan sólo, / reencuentras tus quince años, los veinte, los veinticuatro… / aquellos momentos perdidos que no se dejan destruir / y corren por la sangre como persistentes alcoholes. / ¿Qué quieres? /  No suben a horas fijas, las mareas del tiempo, / ni llegan cada vez al mismo nivel. / Se llevan mar adentro a quien mejor maneja los remos, / sólo se moja los pies quien cree que se ahogará. / A menudo, sin saber cómo, te encuentras sumergido, / bebiendo a dulces sorbos la amarga Eternidad. / Y una embriaguez incipiente te dice que se funden / el hoy y el mañana en un presente infinito. / A veces el viejo sabor de las palabras que callaste / o el calor de un brazo que no osaste tomar / vuelve como una llama nacida de cenizas / llevando la fiebre a la frente, la hiel al paladar. / Y sólo por un instante, por un instante desgarrador, / la voz y el gesto de hoy te parecen capaces / de retener el pasado que se burló de tí a la cara / y se escurrió entre tus dedos como un pez brillante / y plateado. / No suben a horas fijas… / A menudo, sin saber cómo, te dejan prisionero / en la isla del recuerdo, y ni el banquero más rico / podrá pagar tu rescate: / la lágrima que un día no te atreviste a derramar. / A veces una sola mirada destruye todo un muro / y a fuerza de mirar, de tanto mirar atrás, / puedes llegar tan lejos que halles la manera / de verte la nuca, de sintonizar el futuro. / Y sólo por un instante, por un instante fugaz, / puedes vivir lo que vivirás, comprender antes de tiempo, / hasta que, a punto de intuir la raíz más escondida, / se hunda en la oscuridad lo que era evidente. / Buen viaje… / No suben a horas fijas… / A menudo, sin saber cómo, penetran hasta el hueso / haciendo que extrañas algas cubran tu cuerpo. / Y entre el flujo y el reflujo constantes e indiferentes / unas manos invisibles trabajan lentamente / hasta hacerte tomar la forma que la corriente ha soñado