CARPE DIEM

Texto y música : Miquel Pujadó

Por los ayeres disecados en tu álbum de fotos. / Por el hoy engendrado sin placer ni deseo. / Por los mañanas que alzarán el velo del calendario / sólo para hallar la desnudez del tiempo. / Por el viejo que odia la sensatez que le privó de vivir. / Por la mujer que nunca se pregunta si vive. / Por las rosas de un día que se creyeron eternas. / Por el cuerpo que de joven no osó entregarse. / Por la inútil lágrima que nadie te enjuga. / Por el escalofrío que dulcemente te ofrece el miedo. / Por tantos corazones ignorantes de cuántos latidos les esperan / antes de que se detenga el carrusel de la sangre… / Carpe diem. / Por las calles que desgastan las suelas del tedio. / Por el olvido que acumulan los silencios del mar. / Por la luz espectral de heladas estrellas / que murieron antes de tener nombre. / Por los ataúdes  subterráneos que transportan fatiga. / Por la melancolía del vaivén ciudadano. / Por el vals que mil neones bailan en los tejados / mientras ocultan el cielo a los ojos de los paseantes. / Por la palabra presa en la madriguera de la impotencia, / la palabra que ya no sabe clavarse en la médula del Tiempo. / Por la vaga rutina de ruidos y gestos / repetidos maquinalmente desde que el mundo es mundo… / Carpe diem. / Por el perro que fichó al enterrar a Wolfgang. / Por el hambre de Bartok y el coñac de Lautrec. / Por la música muda que Ludwig intuía. / Por la oreja cortada del loco de los girasoles. / Por el metal que acogió Maiakovski en su corazón. /  Por los gusanos que se hartaron con la carne de Rimbaud. / Por el whisky engullido por Bogart y John Huston / y el agua que llenó los pulmones de Virginia Woolf. / Por los treinta años de Salvat en la mirada de lord Byron. / Por el patíbulo podrido que esperaba a Villon, / el mármol donde Rodin aprisionó a Camille / y el pus que cubrió las flores de Baudelaire… / Carpe diem. / Por el Grial que se convierte en ceniza en cuanto lo tocas. / Por el amor que a menudo muere al hacerse. / Por el horizonte que retrocede cuando avanzas / y te obliga a caminar y no te da reposo. / Por los dioses que los hombres crean a su imagen. / Por la sombra de la Nada que te lleva de la mano. / Por todos aquellos caminos descartados / que nunca sabremos a dónde nos habrían llevado. / Por los errores y los aciertos, los gritos y los susurros, / los anhelos y el dolor, la tiniebla y la luz, / y por el gran juego de azar que a todos nos hermana / hasta que nos toque comer las flores por la raíz… / Carpe diem.