AGUA ESTANCADA (AIGUA ESTANCADA)

Cada sábado un orgasmo;
cada mañana, un café con leche.

En un rectángulo de plasma,
se agita el fantasma
de un mundo contrahecho.

La sangre ni salpica ni mancha
y, tu, en el sillón,
bostezas distraído.

Los cambios son indigestos,
te asusta lo inesperado.
Clonar palabras y gestos
te evita molestos
ataques de ansiedad.

La mariposa irisada,
una vez disecada
la aceptas mejor.

No sabes que el agua estancada
siempre acaba apestando.

Miras la mujer lejana
que ocupa una parte de tu lecho…
Se ha derrumbado la fachada
del pseudonirvana
que habíais construído
con besos de pantomima,
facsímiles de cariño
y sexo aguado.

Pero mantienes el engranaje
matrimonial bien engrasado,
mientras te permites el espejismo
de amores de peaje,
y crees confirmado
que allí donde hay mesa puesta
y ropa planchada
no cabe la pasión.

No sabes que el agua estancada
siempre acaba apestando.

Tienes convicciones arraigadas
a gran profundidad.

Que puedan ser cuestionadas
o modificadas,
ni te lo has planteado.

Quieres blanco y negro, nada de grises:
quien gana en matices
pierde en tranquilidad.

Nunca te permites dudar
y, si vas falto de argumentos,
media docena de abruptos
y secos exabruptos
te son más que suficientes.

Poseees la verdad, y es sagrada:
no puede ser alterada
ni con moderación.

No sabes que el agua estancada
siempre acaba apestando.

Le arrancaste las alas
al niño que un día fuiste.

Apagaste las bengalas,
mataste las cigarras,
ocultaste la calle,
pusiste riendas al deseo,
frenos a la vida,
pautas en el papel.

Cuando ves que alguien aún intenta
volar, y se levanta si cae
y, si es necesario, reinventa
el olor de la menta
y el sabor del cacao,
aprietas contra ti la caja cerrada
donde yace asfixiada
tu razón.

No sabes que el agua estancada
siempre acaba apestando.